17 de Marzo de 2010 - Abrir radio online
Secretly Canadian / Estados Unidos
FECHA DE PUBLICACIÓN: 14/04/2009
AUTOR: Jaime Menchén
PUNTUACIÓN: 8 SOBRE 10
La característica voz de Antony Hegarty distingue de inmediato la música de Antony and the Johnsons. Su tono confesional no cae sin embargo en la pura exhibición; se subyuga al sentimiento, traducido en melodías que, especialmente en este The Crying Light, los músicos puntúan con extrema delicadeza. El tercer álbum de esta banda afincada en Nueva York, después de su debut homónimo y de su anterior y premiado “I Am a Bird Now” (2005), pone el acento en la depuración de los elementos. El sonido sigue apoyándose en el piano de Hegarty pero también, y más que antes, en una cuidada orquestación y en elegantes arreglos de cuerda.
Aunque se tiende a considerar que Antony and the Johnsons es fundamentalmente su cantante, “The Crying Light” triunfa gracias a la conjunción del vocalista con unos músicos extraordinarios, entre quienes se encuentran colaboradores de Rufus Wainwright (la violonchelista Julia Kent, Maxim Moston), de Sufjan Stevens (el guitarrista y violinista Rob Moore, miembro de My Brightest Diamond) o Nico Muhly, autor de la banda sonora de “The Reader”, encargado aquí de los arreglos de varias canciones. Los dos temas iniciales, “Her Eyes Are Underneath The Ground” y “Epilepsy Is Dancing”, se desperezan con sutileza, sin que la exuberante belleza formal pierda en ningún momento su proporción. “One Dove” se mueve en parecido terreno a la célebre “Hope There´s Someone”, tensando las emociones con un tenue y conmovedor crescendo, liberado en el siguiente corte, la más contundente “Kiss My Name”. La canción que da título al disco, hábilmente situada en el ecuador de álbum, es una compleja composición que sintetiza a la perfección el conseguir la máxima intensidad emocional con los mínimos elementos.
La temática de las letras varia de lo individual a la apreciación de la naturaleza en la parsimoniosa “Another World” o la sinfónica “Daylight and the Sun”, donde la orquesta se exhibe con plenitud. En “Aeon”, Antony ofrece un descanso con la canción más abiertamente soul del disco, terminando con la pequeña pieza “Dust and Water” y la romántica “Eveglade”, ésta con una instrumentación cinematográfica. Aunque sin el factor sorpresa que tenia “I Am A Bird Now” ante el descubrimiento de un insólito talento, “The Crying Light” es un paso adelante, más natural y seguro.
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