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M. Ward - Madrid

Sala Heineken

FECHA DE PUBLICACIÓN: 28/06/2009

AUTOR: Jaime Menchén

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Foto: M. Ward

Reconozco que mientras sonaba la encantadora “Chinese Translation”, la canción con la que M. Ward abrió el concierto, una parte de mí echaba de menos la temblorosa emoción del disco. Allí estaba sin duda la voz de Mathew Stephen Ward, aunque algo más rota y menos susurrante, flanqueada por cuatro músicos que extraían de sus instrumentos un sonido sólido y vibrante, y sin embargo me faltaba el toque que les señalara de lo común. No ayudaba tal vez la sonoridad variable de la sala Heineken; sospecho que mi lugar, al frente en un lateral, no era el más adecuado. Pero poco duraron estos pensamientos: con la segunda canción, “Requiem”, la energía contundente de la banda y la determinación del cantante despertaron los ecos del mejor rock estadounidense actual, el que va de Howe Gelb a, ¿por qué no?, Wilco, y lo que vino a continuación iba siempre un paso por delante de las expectativas.

“Rave On”, “Epistemology” o la pegadiza “Fool Says” (la primera de varias recuperaciones de su álbum "Transfiguration of Vincent"), provocaron a su conclusión la sonora aclamación del público que llenaba la sala, ratificando el robustecimiento de las canciones para el directo (en formato de banda completa: dos e incluso tres guitarras, bajo y batería; un teclado y un piano completaban los arreglos según el momento). La velocidad bajó con “Poison Cup”, canalizando la intensidad hacia cotas más profundas, con “Post War” y sobre todo “Hold Time”, que el solista interpretó en el piano. La banda dejó el escenario a continuación, quedando sólo M. Ward con su guitarra acústica; tocó “One Hundred Million Years”, “Sad, Sad Song” y “Llulaby+Exile” con un asombroso dominio del instrumento, modulando su voz como si cantara estas historias por primera vez. Cuando en la última uno de los músicos regresó para introducir sus silbidos en la melodía, el escalofrío se pudo sentir por toda la sala.

M. Ward mostró un asombroso dominio de la guitarra, modulando su voz como si cantara estas historias por primera vez

La banda al completo volvió a escena con las dinámicas “Magic Trick” y “To Save Me”. Por si quedaba alguna resistencia, ahí estaba la adictiva “Never Had Nobody Like You” o especialmente el amago de remate con una versión fiera, eléctrica – como no puede ser de otra manera – de “Roll Over Beethoven”, de Chuck Berry. M. Ward agradeció la visible satisfacción de los asistentes juntando las manos sobre el pecho e inclinándose repetidas veces. Él y sus músicos salieron y volvieron a entrar dos veces para los bises: la última para acometer con ganas “Vicent O'Brian” y la épica versión del “To Go Home” de Daniel Johnston. No se podía pedir un final mejor.

La puntualidad (por otro lado cada vez más frecuente) de la sala impidió que viera completo el recital de los teloneros, Delco, llegando para las tres ultimas canciones: fue suficiente para despertarme la curiosidad por un grupo español que suena más que correcto en directo emulando el sonido americana.

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