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Nacho Vegas - Madrid

Joy Eslava

FECHA DE PUBLICACIÓN: 10/02/2009

AUTOR: Jaime Menchén

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Foto: Nacho Vegas

No es algo frecuente que un artista del indie nacional llene una sala y, viendo la demanda, vuelva a tocar cuatro días después. Menos aún que en esta segunda ocasión se agoten rápidamente las entradas y los promotores convoquen una tercera fecha, en el mismo lugar, solo una semana después. Algo así hace augurar lo extraordinario; no es posible que solo sus colaboraciones con Enrique Bunbury y con Cristina Rosenvinge expliquen está enorme expectación. O tal vez sí. Una nota disonante hace saltar las alarmas cuando Nacho Vegas y su banda entran en el escenario, mientras los músicos ocupan sus puestos y el cantante planta su figura frente al micrófono: antes de que suene el primer acorde muchos de los asistentes ya parecen haber alcanzado el clímax. La adoración hace prever que el hecho de que él esté allí es suficiente, como si el resto fuera solo el 50% del espectáculo. Afortunadamente no es así.

Al contrario de lo que podría suponerse por el estilo intimista del asturiano, el formato en directo es el de una banda clásica, basada en eficaces instrumentistas que ejecutan un bien engrasado rock de inspiración estadounidense. Y por este tamiz pasa el repertorio escogido, atravesando todos los discos. El recital comienza con "La plaza de la soledá", de su segundo álbum, para continuar enlazando sus nuevas canciones (la contundente "Detener el tiempo", "Junior Suite") con las viejas: vuelve a "Cajas de música difíciles de parar" con la hipnótica "Gang-Bang", otra vez al último lp con "Un desastre manifiesto" y "Dry Martini S.A."; o recupera "Miss Carrusel", la adaptación del tema de Townes Van Zandt que hizo para Actos inexplicables. Con la maravillosa simplicidad de "Crujido" llega casi a la mitad del concierto, y toda la banda sale del escenario.

Ocho y medio, un extenso y subyugante tema que domina a la perfección, terminó de establecer el ambiente adecuado

El buen hacer y la eficacia dominan el conjunto, impulsado por la adictiva cadencia de las letras de Nacho. Tal vez sería mucho pedir el escalofrío del instante único y la improvisación.

Quizás para remediarlo, Nacho Vegas regresa en solitario, y se mete de lleno en "Ocho y medio", un extenso y subyugante tema que domina a la perfección, y que solo está a punto de estropearse cuando sale la banda para reproducir los arreglos. La canción termina de establecer el ambiente adecuado, y así "Días extraños", de "El tiempo de las cerezas", o "El tercer día", alcanzan su culmen, mantenido en las rockeras "Perdimos el control" y "Secretos y mentiras". En la recta final quedan varios guiños a los fans: "Morir o matar", uno de los característicos temas densos e intimistas de Vegas, la festiva y coreada "El hombre que casi conoció a Michi Panero", en la que se nota al cantante y a los músicos especialmente cómodos, y dos bises; la fábula "Añada de Ana la friolera", del ep Miedo al zumbido de los mosquitos, y "Nuevos planes, idénticas estrategias". Casi dos horas de concierto revelan a un Nacho Vegas más profesional que nunca, en lo que esto tiene de bueno y malo, y confirman que, en cualquier caso, el listón empieza a estar bien alto.

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Comentarios (1)

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  1. Avatar de geronimo

    geronimo
    20/04/2009
    19:59 h.

    y no fue a por jako?