18 de Marzo de 2010 - Abrir radio online
Café de la Palma
FECHA DE PUBLICACIÓN: 02/02/2009
AUTOR: Jaime Menchén
Dos grupos comprimidos en una hora cincuenta minutos, contando el descanso, puede parecer suficiente. Y lo sería si el reparto de tiempo hubiera sido más equitativo: 25-30 minutos para Bélmez, el resto para Cuchillo. Pero tal como se desarrolló la noche, no era bastante. Que a Israel Marcos y a Daniel Domínguez, los miembros de Cuchillo, les comunicasen en el ecuador del concierto que solo les quedaban diez minutos no pareció razonable. Israel Marcos se disculpó, con gesto de impotencia: "teníamos muchos más temas preparados para esta noche".
Bélmez abrió la jornada pasadas las diez y veinte con un pop rock lento y solemne. La banda no conseguía levantar sus composiciones a pesar de las ganas y los aspavientos, resultando pretenciosa su búsqueda de calado. Con la figura imponente de Jose Roselló al fondo, en la batería, Marc Anglès al bajo y Jaime Pantaleón a la guitarra, Bélmez demostró conocer su oficio (no en vano dos de los componentes provienen de 12Twelve), pero la distancia entre sus ambiciones y los resultados era obvia. Solo la penúltima canción que tocaron, un dinámico corte en el que permitieron que saliera sin freno toda su energía, funcionó a la perfección.
La propuesta de Cuchillo no debería ser algo tan extraordinario, y sin embargo lo es, especialmente en el panorama nacional
La calidad de Cuchillo en directo empieza a ser algo bien conocido. La propuesta de este dúo afincado en Barcelona no debería ser algo tan extraordinario, y sin embargo lo es, especialmente en el panorama nacional. Su formato de guitarra y batería, con recurso a varios instrumentos inusuales para producir un conjunto envolvente y rico en matices, sobresale por el perfecto engrasado de los elementos, por la naturalidad con que la música flota en el ambiente y se adueña del espectador. Se aprecian con claridad las influencias del krautrock y de la psicodelia californiana, una inspiración que ellos mismos señalan sin problemas, pero que aquí se manifiesta en su vertiente más digerible, tamizada por un indiscutible talento para la melodía y el estribillo. Israel Marcos, guitarrista y cantante, no cesaba de grabar sobre la marcha voces y guitarra para ampliar el carácter sugestivo de las canciones, mientras Daniel Domínguez, a cargo de la percusión, utilizaba todos sus recursos para dar un carácter al mismo tiempo orgánico y ensoñador a los ritmos; estos se trenzaban de forma sutil, transmitiendo el sentido de la buena artesanía. Los dos músicos avanzaban como guiados por la intuición que surge de ensayar mucho, y lo que hacían les salía extraordinariamente bien.
Lástima que un concierto de este tipo necesite ambiente y tiempo. A los 45 minutos parecían estar empezando todavía, y a ambos se les veía en forma y a gusto. Un loable esfuerzo que se les pueda ver en Madrid por 10 euros + consumición, pero su actuación dejó con la miel en los labios. Tal vez así quede aún más reforzada la buena impresión: hay Cuchillo para rato.
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