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Tanned Tin 2008 - Castellón

Auditorio de Castellón

FECHA DE PUBLICACIÓN: 08/12/2008

AUTOR: Carmen Martín

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Foto: Tanned Tin 2008

Lo hemos dicho muchas veces y no queremos repetirnos demasiado. Tanned Tin es un festival único. Lo fue, lo es y lo será, porque esa es su seña de identidad, porque surge de la mera pasión, de ejercicios no mercantilistas, de esencias artísticas, de pequeños recursos presupuestados, pero de dosis extras de corazón. De elementos musicales deliciosamente básicos, aunque para muchos resulten sofisticados, elitistas o retorcidos y surge del buen criterio de sus programadores con ese sorpresivo resultado que consigue que el capricho de unos pocos acabe convirtiéndose en la necesidad de muchos.

Tal vez sea la última edición que se realice en Castellón (¡ojala no!). Así Tanned Tin cerraría su segunda etapa, tras sus primeras ediciones en Santander. Sea como tenga que ser, Tanned Tin seguirá adelante allí donde a quien competa le pueda ofrecer la infraestructura e implicación que un festival de estas características necesita. El público extremadamente fiel de este evento (cada vez más numeroso) no tendrá ningún problema en viajar donde el festival se ubique en la próxima edición, viajar al encuentro de unos sonidos y bandas a descubrir que, año tras año, estiran la parte del cerebro donde se encuentra el centro del placer, una zona donde la música ejerce de estimulador necesario para muchos de nosotros.

Jueves 13

Inquieta por llegar a tiempo a la cita, pisé a fondo el acelerador y puse en el radiocasete de mi coche el precioso There´s No Home de Jana Hunter para no olvidar en ningún momento lo que me perdería si no estaba allí.
Pasadas las 20.30 de la tarde y a escasos 10 kilómetros de la meta, supe que hay veces que se gana y otras se pierde, así que luché en el spring final y llegué a tiempo al Teatro Principal para ver desde una pequeña pantalla mientras esperaba recoger mi premio, los últimos temas de The Strugglers liderados por la cálida y personal voz de Randy Bickford y su pop de melodías que hacen que The Latest Rights (Acuarela, 08) su último trabajo, sea una auténtica maravilla.
Una vez instalada en mi butaca, abiertos todos mis sentidos llega el momento de comenzar el festín y el banquete musical y nada mejor para abrir el apetito que un poco de slowcore del dulce, Radar Bros. con Jim Putnam oculto tras su gorra verde como viene siendo habitual, desplegaron lo mejor de su último trabajo, Auditórium (Merge, 08). Sí, recuerdan a Pink Floyd (post Syd Barret) , pero los angelinos, más cercanos que nunca, enamoran por si solos, “When Cold Air Goes to Sleep”, “Warm Rising Sun” , “Morning Bird” o la preciosa “Papillon” de su anterior trabajo preparan el ambiente para lo que promete ser una gran noche.
La potente voz de Victoria Legrand junto a su impactante atuendo neohippie de andar por casa, fueron las dos cosas más comentadas del concierto de Beach House, la de Baltimore parecía inquieta y no dejó de juguetear con sus pies durante todo el concierto, reprodujeron fieles al disco sus sonidos lo-fi y no faltaron canciones como “Wedding Bell”, “Gila” u otras como “Apple Orchard”, “Master of None” o “Used to be” de su anterior disco, interesante pero acabó resultando un tanto lineal.

Foto: Sr Chinarro - Autor: Jackster

Cass Mccombs comenzó su set con un sonido y una estética mucho más rockabilly de lo esperada (sacó un peine del bolsillo y se cepilló a lo Danny Zucko), la teatral y un tanto dramática “Lionkiller” resulta humorística con la complicidad que Trevor Shimizu y el particular sonido de su bajo desprenden sobre el escenario. Su soul sesentero con toques de americana sonó contundente y rotundo con “Substraction”, “Equinox” o la preciosa “That´s That”, se hizo corto.
Con The Wave Pictures llegó uno de los momentos más encomiados de la noche, y no es para menos ya que con la energía que desborda éste trío de muchachos y la magia que desprende Dave Tattersall tocando la guitarra se les augura un futuro muy prometedor. Sonaron temas de su último trabajo como “Just like a drummer”, “Leave the Scene Behind” o “Now You are Pregnant” cantada por el batería Jonny Helm. A pesar de todo, el set resultó un poco pausado y, la peculiar voz de Dave terminó dejándome un sabor un tanto agridulce, les faltó algo, tal vez la próxima.
Uno de los momentos más esperados de la noche fue poder ver a Sr. Alan Sparhawk (Low) al frente de Retribution Gospel Choir, entregado a la psicodelia y guitarras sucias (se aprecia claramente la admiración que siente por Neil Young), “For Her Blood”, “What She Turned Into” o “Poor Man´s Daughter” nos pusieron los pelos de punta a más de uno. Y es que no se pude esperar menos de un disco de debut que cuenta con dos gigantes de la talla de Sparhawk y el Sr. Mark Kozelek en la producción. Enorme!!
Y con todas las emociones contenidas acumuladas a lo largo de la noche, llegó la gran sorpresa final, Mahjongg, esos grandes desconocidos que sólo con verles las “pintas” intuyes que uno de esos momentos memorables que cada año nos ofrece el Tanned Tin está apunto de comenzar. Sin duda fue la puesta en escena más rotunda del día, con su eléctrico pop experimental pusieron patas arriba el Teatro y una parte de los allí presentes acabamos bailando sobre el escenario junto con la parejita de Beach House, grandísimo fin de fiesta.

Nacho Vegas: una nueva cuerda tensada, un nueva tierra donde permanecer, un nuevo reducto de vida, un antiguo designio visceral,...

Viernes 14

Casino Antiguo

El encargado de abrir los “desayunos” matinales que como cada año se celebran en el Casino Antiguo fue el cantautor Paul Marshall, acompañado de su guitarra nos obsequia los oídos con canciones llenas de inquietante melancolía que bien podría haber firmado su compatriota Nick Drake. “Alvsbyn” es una auténtica delicia.
Voice of The Seven Woods con tan sólo Rick Tornlinson en el escenario, dejó llevar nuestras mentes con su folk de aires psicodélicos, tal vez incluso demasiado porque del trance pasé en escasos segundos a una profunda somnolencia de la que sólo me desperté con el gran estallido sonoro final.
The R.G. Morrison lo escuché en la distancia, con las tripas regurgitándome y una somnolencia considerable, una pena porque su voz bien podría enamorar hasta el mismísimo Dylan, otra vez será.

Teatro Principal

A Barzin no le hace falta carta de presentación, sólo su presencia desprende paz y tranquilidad por los cuatro costados, enamora con cada nota, con cada palabra que sale de su dulce voz aterciopelada y te transporta con sonidos paisajísticos hacia lugares recónditos ocultos en la memoria. Ofreció un set intimista recopilando lo mejor de su discografía, acompañado por su banda y la colaboración de Thomas Barlett (Doveman) al vibráfono, una delicia vamos.
The Declining Winter es el proyecto en solitario de Richard Adams, cofundador de Hood. Su puesta de largo presentando su primer álbum Goodbye Minesota, dejó muy buen sabor de boca. Sus exploraciones por el post rock cargadas de cuerda y distorsión tiñen las canciones de hipnótica melancolía. El final del concierto fue un estallido de ruido in crescendo que rompió con los aplausos de todo el público.
Audrey aterriza por primera vez en nuestro país de la mano del colectivo Frikasound, y es que gracias a ellos hemos descubierto un gran puñado de grupos llegados desde Escandinavia. El cuarteto de chicas que forman Audrey derraman melodías pop teñidas de oscura tristeza, es inevitable las comparaciones vocales con Björk en canciones como “Mecklenburg”, pero “Big Ships” y una sola mirada de Anna Tomlin bastará para sanarnos.
Thalia Zedek Band fue la antesala de lo que la gran mayoría esperábamos ver ansiosos el sábado. Y es que su último trabajo, el primero que firma con banda, está repleto de melodías ingrávidas repletas de energía y rabia contenida que desgarran el alma dejándola KO. Thalia, con esa traza de angustia que le caracteriza, fue deshojando los mejores argumentos de Liars and Prayers para hacernos presas de su desgarradora voz y arrancarnos el corazón.
Los italianos ZU golpearon al personal con un estruendoroso free jazz que desafía la ley de la gravedad. El trío completamente fuera de sí, ofreció grandes dosis de distorsión y ruidismo y es que el saxo sonaba a bajo, el bajo sonaba a saxo, el batería sonaba a… y entre tanto sonar y sonar consiguieron lo más difícil, sonar compactos. Unos máquinas.
La de Dälek fue sin duda la apuesta más arriesgada de la historia del festival, y es que hasta a los más escépticos les entraron ganas de cambiar sus camisas de cuadros por enormes cadenas de oro colgadas al cuello. El dúo de estadounidenses, convertido en trío para la ocasión, descargó “mala leche” por doquier, y es que la intensidad de su rima ajustada a una ruidosa mezcla de hip hop, noise y pinceladas de electrónica de su atrevido Abandoned Lenguaje pone en pie hasta a los muertos.
Con toda la caña que teníamos en el cuerpo, a los de Neptune les quedó una difícil papeleta que ni siquiera sus atractivos y originales instrumentos caseros, ni su bajo-guadaña consiguieron resolver. Su rock cacharrístico sonó menos rotundo que en disco y el concierto fue un tanto lineal e insulso, y es que aquí, ya estaba todo hecho.

Sábado 15

Casino Antiguo

De la mano del sello Drift Records llegó la gran sorpresa de los matinales del sábado, Mary Hampton debutaba en nuestro país y al igual que ocurrió el pasado año con The Floordbirds, la dulzura y fragilidad de su voz aunada al folk más tradicional nos conquistó sin más dilaciones.
La música de Benjamín Wetherill evoca a los países del Este, su folk jazzistico bien podría acompañar más de una escena de película en la que la tragedia de la realidad colorea todo de hermosa melancolía, acompañado para la ocasión de saxo y batería y en una escasa media hora derrochó belleza presentando su disco de debut Laura.
Tara Jane O´Neil acompañada de Frank Rudow (La Jr y ex Manta Ray) a la batería y el violinista de Come ofreció uno de los momentos más dulces de la mañana. Bromeando con el público y mostrando su cara más alegre, consiguió sacar el conejo de la chistera y conectar con el personal, una vez más, la escasa media hora supo a poco.

Foto: Mahjongg  - Autor: Jackster

Teatro Principal

La tarde no pudo comenzar mejor con un Sam Amidon acompañado por Doveman alternando piano y batería, ofreció una lección magistral de folk como pocos y es que sólo hay que escuchar All Is Well para ver el gran salto cualitativo que ha dado el de Vermont desde su anterior trabajo. Disfrutó sobre el escenario y nos contagió a todos terminando su set con la canción que da título a su último trabajo y es que cuando todo está bien nada más se puede pedir.
De P.G. Six poco se puede decir a parte de que me aburrió soberanamente. No es que su propuesta sea mala, pero funcionando a un nivel tan alto como lo hace el Tanned Tin, siempre hay alguna propuesta que queda mucho más deslucida que las demás y en esta ocasión, él pagó los platos rotos.
Con Sr.Chinarro siempre suele haber una cuenta pendiente, aunque sea uno de los artistas más importantes de nuestro país, su actitud distante en directo resulta muy poco atractiva, más si cabe si Antonio Luque hace un concierto sin banda y con guitarra acústica. Es muy posible que este no sea su mejor formato, no obstante escuchar temas como “El Rayo Verde” o “Los Ángeles” en esas circunstancias, resulte realmente curioso. Esa puede ser la conclusion, un experimento curioso, pero totalmente impermeable, no trascendente.
Doveman ya había hecho sus “pinitos” por el escenario del Teatro Principal pero esta vez le tocaba defender su propuesta y como ya hizo él con otros grupos, contó con un compañero de lujo para hacernos un poco más felices a todos, y es que a David Thomas Broughton deberían nombrarle desde ya insignia y fetiche del Tanned Tin. El neoyorquino ofreció un set impecable con versión de Neil Young incluida, pop mayúsculo teñido por la experimentación instrumental y teatralidad a cargo del Sr. Broughton.
Deer Trick en disco son buenos, muy buenos, pero en directo hablamos de palabras mayores. John McCauley es un auténtico genio, completamente enamorado de Roy Orbison y con una inimitable voz angustiada, ofreció una clase magistral de country-rock de raices y se atrevió incluso con una version de la “Bamba”, y es que si algo le sobra al de Providence es talento.
Recién entrada la medianoche, llegó el gran momento mágico del fin de semana, Thalia Zedek y Chris Brokaw o lo que es lo mismo Come, estaban juntos de nuevo sobre un escenario para hacernos vibrar durante los 60 minutos más intensos de mi corta vida musical. No es sólo el hecho de poder disfrutar de uno de los grupos creadores del concepto emo, sino que su relectura en estos días se antoja más que necesaria. Como sus canciones, de las que sonaron grandes emblemáticos temas de sus cuatro discos publicados por el sello Matador desde el 92 hasta el 98, como “Submerge”, “Off To One Side”, “Fast Piss Blues” “In/Out”, “German Song” “Hurricane”, “Bitten”, “Shoot me First”, “Recidivist” o “Saints Around My Neck”. El estruendo y la calma. El desgarro y la caricia. Come, siempre Come.
A Phil Evelum cabeza y corazón de Mount Eerie le tocó resolver la peor de las realidades y es que enfrentarse a un público extasiado tras la actuación de Come no debe resultar nada fácil. Desnudo con su guitarra ofreció canciones de lo que será su nuevo álbum Wind´s Poem y otras no tan nuevas en las que si hubiera estado acompañado de Julie Doiron se habría hecho prescindible salir a respirar para asimilar lo vivido, y lo que estaba apunto de suceder.
The New Year pusieron el broche de oro final a una noche cargada de emociones, y es que aún con el aliento entrecortado comenzó a sonar “Folios”, sin rodeos, directo al corazón, poco a poco, los hermanos Kadane fueron desmontándonos con “Gasoline” o “The End´s Not Near” para acabar conquistando con “18”. Capas y capas de guitarras entrelazadas que nunca llegan a eclosionar, inagotables melodías que no necesitan ser alargadas, sencillez cargada de una emotividad incontrollable para cerrar un día inlovidable para la historia del Tanned Tin.

Domingo 16

Las suecas de Monkey Cup Dress derrocharon elegancia y preciosismo con una propuesta de pop-folk tan sencilla como efectiva. Y es que como pasó con sus compatriotas Audrey, las voces de estas dos chicas podrían derretir el más gélido de los glaciares.
Agent Ribbons tenían todos los ingredientes para hacernos pasar un rato divertido: una muchacha disfrazada de “Sr. Potato” (que sólo era un acompañamiento) y una especie de Pipi Langstrump (Natalie Gordon) y la otra mitad de la banda Lauren Hess a la batería. Pero toda esta parafernalia va mucho más allá y es que las de Sacramento a parte de divertir escénicamente ofrecen una fusión de folk y punk muy difíciles de unir con cabeza pero muy fácil de disfrutar sin pensar demasiado.
June Panic con su apuesta minimalista en escena y el abatimiento general que teníamos en el cuerpo los pocos que quedábamos, no consiguió transmitir la grandeza pop de sus discos en los que con más facilidad se puede encontrar la calidez del pop de bandas como Luna, pero que en directo no logró conseguir una atmósfera propicia.
La bella parejita de The Floorbirds tras su exitoso paso el año pasado por el Casino Antiguo, se estrenaron en la “Bombonera” ofreciéndonos lo mejor de Field Recordings y obsequiándonos con algún adelanto de lo que será su nuevo trabajo. Y es que es imposible escuchar las voces angelicales y los ukeleles de los de Minneapolis y no enamorarse de ellos.
Nacho Vegas tras el muy comentado video de presentación del festival en el que Nacho había participado, su actitud en escena resultó el contrapunto que siempre le acompaña. Ni una sola palabra hacia el público, con la frialdad de tocar solo, con la premisa de presentar su nuevo trabajo y revisando clásicos como “El Hombre Que Casi Conoció a Michi Panero”. Una nueva cuerda tensada, un nueva tierra donde permanecer, un nuevo reducto de vida, un antiguo designio visceral, más íntimo, más generador de opiniones encontradas. Sus contradicciones también son las nuestras.
Los teenagers de Munch Munch ofrecieron el mejor concierto de la tarde, con un derroche de energía propio de su edad, saltando por el escenario intercambiando teclados y baterías engancharon con sus melodías angulares que hacen sonreir. Al finalizar, como era de esperar, agotaron todo su merchandaising, un éxito.
Mom y su propuesta electroacústica con influencia “epidural” como apuntan en su myspace, ofrecieron los últimos rayos de luz para abandonarnos en los brazos de Morfeo y hacernos soñar con las atmósferas tenues que Jeniferever van creando con sus largos y espaciosos temas, post-rock cargado de capas de nostalgia que va creciendo en intensidad, guitarras calmadas que te transportan hasta lugares inhóspitos para terminar con un atronador silencio, el sueño terminó, se cierra el telón y tendremos que esperar un año más para volver a este rincón del planeta donde los sueños dejan de serlo y se tornan realidad, y es que aunque suene demasiado tópico, larga vida al Tanned Tin.

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